lunes, 25 de noviembre de 2013

BLANCO INFINITO

SUBIDA AL CUETU D'ARBÁS (2.006 M.S.N.M.) DESDE EL PUERTO DE LEITARIEGOS CON RAQUETAS DE NIEVE.


Actividad: Ascensión al Cuetu d'Arbás por las pistas de la estación de esquí de Leitariegos (Villablino, León) y el Collado de la Fanetina, regreso por el mismo itinerario con pequeña variante al final.
Longitud: 6,5 km
Track en wikiloc (pendiente)
Desnivel acumulado subiendo: 500 metros
Desnivel acumulado bajando: 500 metros
Altitud máxima: 2.006 msnm
Altitud mínima: 1.510 msnm
Duración: 3 h 45 min.
Fecha: 23 de Noviembre de 2013
Fotos T. Labella y O. Pérez

El amante de la nieve cuenta las horas que quedan para que se abra la temporada de esquí, y desde que los días empiezan a ser más cortos que las noches, escudriña impaciente las predicciones meteorológicas en busca de borrascas y descuelgues de masas de aire polar que puedan teñir de blanco las cumbres.

El invierno no es puntual. Algunos años, la espera se prolonga entre veranillos, sequías y frentes cálidos. Otras veces, se persona inesperadamente como esas visitas de antiguamente que llegaban desde el pueblo sin previo aviso, pillando a los de la casa en bata y zapatillas. Llega el invierno y los esquiadores desprevenidos, con los esquís en el trastero, y el mono y los guantes y el gorro... a saber dónde. Y lo peor de todo, las estaciones cerradas: son como grandes paquidermos que sólo se ponen en marcha tras un lento ritual que se demora entre inspecciones de mantenimiento de los remontes, acondicionamiento de pistas, y burocracias diversas.

Este año trece, de nombre feo, ha traído uno de esos inviernos precoces y bonitos, en los que la nieve se posa en las ramas sin que las hojas rojas, amarillas, ocres, y de todos los colores hayan tenido tiempo de caerse al suelo, y sin que las poleas de los telesillas hayan empezado a girar. La ocasión no podía desperdiciarse.


Las raquetas de nieve son el fruto de la adaptación del ser humano a las condiciones más adversas, y se han encontrado en yacimientos arqueológicos de unos cuatro mil años de antigüedad. Se fabricaban con madera, cuerdas y cuero, y permanecieron sin evolucionar hasta hace aproximadamente un siglo.



Poco queda ya de aquellos modelos tradicionales en las raquetas que en esta ocasión alquilan los montañeros para afrontar un paseo sin mayores pretensiones que probar una actividad diferente en las alturas.



La mañana, radiante y fría, invita a embarcarse en la aventura.




Unos pocos pasos sirven para demostrar que caminar con raquetas de nieve es casi tan sencillo como caminar sin ellas cuando no hay nieve. El recorrido se inicia ascendiendo, a la izquierda de la estación de esquí, por las últimas rampas de la pista Autovía de Arbás, que permite ganar altura con facilidad y familiarizarse con el calzado especial en la nieve pisada por las maquinas.



Al llegar a la bifurcación, continuando por la izquierda, se alcanza pronto la zona intermedia de pistas de la estación de esquí.









Las panorámicas abarcan, en una jornada de excelente visibilidad, cientos de cumbres nevadas de la Cordillera Cantábrica.





Una cuesta empinada enlaza con la pista Chagunachos. Pese a que el espesor de la nieve ha aumentado considerablemente, las raquetas permiten avanzar a buen ritmo, en un recorrido que está jalonado por las formas blancas que ha dejado la reciente ventisca.




Al coronar la cota superior de la estación de esquí, quedan atrás las estructuras de cañones de nieve artificial y remontes, estampa de desolación helada hoy que están huérfanas de esquiadores.





La obra humana deja paso a la naturaleza desnuda.



Al fondo, la aldea asturiana de Leitariegos.



Al llegar a un mirador natural, la mole del Cuetu se muestra majestuosa. Solo por cobrar esta recompensa ha merecido la pena la subida.

Mole del Cuetu d'Arbás (2.006 msnm). La cumbre principal queda oculta por las cimas secundarias.

Abajo está la Laguna de Arbás, semicongelada. En su fondo yace, según la leyenda, un cuélebre derrotado por uno de los paisanos de Leitariegos con la providencial ayuda de un rosario. Es el cuélebre una especie de dragón alado que en la mitología asturiana se caracteriza por su afán en custodiar tesoros y por incluir la carne humana en su dieta.

Laguna de Arbás.

Llegando hasta aquí, está cumplido el objetivo de la jornada, que no era otro que el de probar el arte de las raquetas de nieve ascendiendo hasta lo alto de la estación invernal de Leitariegos. Sin embargo, llegados a este punto, un paso estrecho entre rocas invita a asomarse. Desde allí, se observa que el camino se pega a la ladera pendiente del Pico El Rapau, por encima de la Bobia de Valdecuélebre, bautizada, cómo no, en honor al lagarto legendario del que antes se habló. La Collada de la Fanetina parece a tiro de piedra, así que no hace falta discutir mucho antes de reanudar la marcha mientras el terreno lo permita.




Las raquetas son tremendamente eficaces en terreno empinado, tanto cuesta arriba como cuesta abajo, gracias a los pequeños crampones que tienen en su parte inferior. Sin embargo, se hacen más incómodos cuando la pendiente es perpendicular al sentido de la marcha, como en la travesera umbría que permite acceder a la Collada de la Fanetina.



El esfuerzo compensa; en pocos minutos se corona la Collada de la Fanetina justo en el punto en que lo hace el sendero señalizado que asciende desde la laguna por la Bobia de Valdecuélebre.

Alcanzando la Collada de la Fanetina.




Una vez en el cordal, el itinerario continúa a la derecha por la cresta que separa Asturias de León hasta la cumbre. Esta es la parte más espectacular de la subida al Cuetu, pese a que no reviste dificultad.


Collada de la Fanetina. A media ladera, en la sombra, se aprecia el itineriario de subida. En segundo término, El Rapau.


Alcanzada la primera de dos cimas secundarias, se transita por una zona casi llana hasta coronar el Cuetu d'Arbás, donde el mojón cimero y unas antenas se visten de blanco.

Cima secundaria.

Ya se divisa la cumbre del Cuetu d'Arbás.
Cuetu d'Arbás (2.006 m.s.n.m.)

Hay también en la cumbre una misteriosa caseta, plenamente congelada.




Tras hacer unas fotos y mandar algún mensaje, toca desandar el recorrido, disfrutando de las vistas. El Cuetu es una atalaya privilegiada, al estar rodeado por los cuatro puntos cardinales por collados relativamente bajos.


Valles asturianos.

La aldea de Leitariegos está a unos metros del puerto homónimo, en el lado asturiano, emplazada en territorio ciertamente inhóspito. El rey Alfonso XI aseguró la persistencia del asentamiento humano en 1326, concediendo a los habitantes del lugar un Privilegio, eximiéndoles del pago de impuestos y liberando a los varones de la prestación de servicio militar. A cambio, debían asistir con sus recuas a quienes transitaban el Camín Real que enlazaba el Occidente asturiano desde Cangas de Narcea con el Bierzo y la Meseta. Hoy día, la mayor parte de las casas están cerradas a cal y canto.

Leitariegos.

Mirando atrás en el regreso, el Cuetu se oculta entre las nubes de una incipiente borrasca.



La bajada trascurre en un pispás por el otro lado de la estación de esquí, hasta bajar por la pista llamada El Tubo. Pese a ser bastante empinada, las raquetas permiten descender con relativa facilidad.




El descenso ha llevado menos de una hora, y concluye así el experimento de las raquetas, que permitió disfrutar de las laderas nevadas en soledad, gozando de la sensación de abrir huella en la blancura inmaculada de parajes espectaculares.



4 comentarios:

  1. Muy chula y bonita la entrada y, por cierto ahora ya me acuerdo de Leitariegos por una foto que pusiste

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    1. Me alegro de tener la aprobación de uno de mis seguidores más especiales, y de haber despertado tu memoria. Estas cosas se escriben, entre otras cosas, para arrinconar al olvido. Muchas gracias por tu comentario.

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  2. Se me había pasado este relato.. como siempre bonitas imagenes.-

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  3. Por si fuera interesante o de utilidad para ti o para los lectores de tu web, tengo publicado el siguiente blog:
    http://plantararboles.blogspot.com
    Se trata de una manual breve y sencillo para que los amantes del monte y del campo podamos reforestar, casi sobre la marcha, aprovechando las semillas que nos dan los árboles y arbustos autóctonos de nuestra propia región.

    Salud,
    José Luis Sáez Sáez

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